martes, 11 de octubre de 2011

"Mucho ruido y pocas nueces" (Ensayo 3º "Claves del Pensamiento Actual")

       
           Lo bueno de las personas es que, de vez en cuando, tienen personalidad, son distintas, o al menos eso parece. Personalidad aparte, fuerza de voluntad o animadversión a la exclusión social,  hay otra cosa buena de las personas, el poder de elección, escoger según crean conveniente. No obstante, una elección coherente y propia debe partir desde la personalidad individual, desde el interior de cada persona y no desde el primer párrafo de un dictado social. Una hipotética ecuación de la libertad de las decisiones daría siempre mal resultado si integra una personalidad débil, nula o inexistente, no sería una decisión, sería ciega obediencia. Sin embargo, hablando en general y prescindiendo de circunstancias que excedan de lo común, todos tenemos nuestras peculiaridades, por no llamarlas virtudes o defectos,  unas conocidas por quienes nos rodean, otras desconocidas para todos salvo para nosotros mismos. Aunque parezca un tópico, es difícil pensar en alguien sin personalidad, o con una personalidad vegetativa y vacía, o al menos, que tenga el déficit de interioridad que demuestra frecuentemente. Muchas veces, y siendo injustos con las personas, es legítimo dudar de la humanidad y del valor de alguien que, al menos de puertas hacia dentro, no sea un poco filósofa o humanista, que viva en su voluntario mundo a medida confeccionado con el desinterés, la ignorancia, el egoísmo y la reticencia hacia lo que suponga algún esfuerzo.


          No obstante, es necesario atender a nuestra historia propia, a nuestro desarrollo desde niños, no se nos puede exigir ser de una forma que nunca aprendimos. Por ello, muchos de los estilos de vida, son heredados, seguidos o imitados, ya sean, en mi opinión, mejores o peores. En estos casos es difícil percibir la existencia de cierta voluntariedad o, por otro lado, de conformismo. La actitud que diferencia la voluntariedad y el conformismo determina la personalidad, las ansias de mejorar y la coherencia con la forma de vida que se desea seguir. Y es, precisamente, seguir con coherencia aquello a lo que se incline nuestra personalidad la forma de vida que debemos llevar. La personalidad y el temperamento puede ubicarnos en un mundo lleno de productos, matices y posibilidades, puede ayudarnos a encontrar nuestro sitio, si es encontrar un sitio lo que buscamos o necesitamos. Puede ayudarnos a auto-enmarcarnos en una obra de arte colectiva que, según los críticos, podrá ser bellísima o de dudosa calidad. Entiendo que la personalidad también sabe guiarnos hacia aquello que más nos llame la atención o más nos guste, y poco a poco, presuponiendo siempre la libertad de elección, adopte el estilo de vida más acorde. No se trata de ponderar entre estilos de vida, aunque piense que unos son mucho mejores que otros, se trataría de una misión arriesgada ya que, doy por hecho que todos tenemos pretensiones y pasiones, superpoderes varios, gustos determinados y predisposiciones preconcebidas, y la suma de todos ellos justifica, con mayor o menor efectividad, la práctica de un estilo de vida concreto.


          Lo más importante de cada estilo de vida es su finalidad, lo que busca y persigue. Igualmente, es importante saber analizar el origen de cada estilo de vida, por ejemplo, aquellos que se guían por estímulos materiales, sociales, musicales, filosóficos… Es una forma de otorgar la seriedad y la consideración que merece cada estilo de vida, de modo que resulte recomendable o reprobable. Si atendemos a la intención de  “Ciudadano Kane”, Welles trata de ridiculizar la vida de Hearst, sobre todo en lo referente a su afán por coleccionar obras de arte aún en momentos de penuria económica. Welles reivindica el consumismo cultural de Hearst, almacenar arte por el simple hecho de poseer una gran colección. Pero más humanística me resulta la intención de Hearst, almacenar arte y poseer belleza, contemplarla y admirarla, ya que contemplar, en cierto sentido, es mirar con amor. Contemplar la belleza es una gran finalidad para un estilo de vida, según creo, la mejor posible.
      

          Por ejemplo, actualmente existe cierta animadversión reivindicativa hacia el consumismo, frecuentemente estamos en posición de defensa permanente frente a las fuerzas materialistas que restan importancia a la dignidad y a la dimensión humana. Es un estilo de vida, aquel que busca paliar los estragos del consumismo, tiene su fundamento (más humanidad y menos materialismo), su argumento básico (provecho y enriquecimiento inmoral, esclavitud psicosocial), sin embargo, su práctica y argumento particular es ilimitado, desde los que rechazan toda marca comercial, hasta los que hablan desde el calor de las marcas que critican. Con esto hablo del declive de un estilo de vida, la hipocresía genérica que puede contener los diferentes niveles de coherencia a la hora de practicar aquello que se predica. Este ejemplo, que creo que define lo que podría ser considerado como la crítica al consumismo, demuestra la pretensión de un estilo de vida y como puede luego, ser interpretado de forma distinta por cada persona, dependiente de la posición, tanto dentro como fuera, más acorde con sus ideas propias. La acepción “estilo de vida” ha ido perdiendo paulatinamente significado y gravedad, si bien podía agrupar a una serie de individuos con finalidad y objetivos comunes, hoy en día ni siquiera se necesita un objetivo ulterior que lo justifique. Hoy día basta con la mera actividad, sin rumbo fijo, solo actuar, de forma automática y mecanizada, “estilo de vida” ha dado paso a “moda”, el trasfondo se ha quedado en la apariencia, lo que en un principio apuntaba maneras no supo dar más de sí, se quedó en lo superficial, “mucho ruido y pocas nueces”.

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